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Carta al Editor

Lo humano en la medicina y el arte

Leo Vinci

Revista Fronteras en Medicina 2026;(02): 0178-0180 | DOI: 10.31954/RFEM/202602/0178-0180


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Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.

Fuente de información Hospital Británico de Buenos Aires. Para solicitudes de reimpresión a Revista Fronteras en Medicina hacer click aquí.

Recibido | Aceptado | Publicado 2026-06-30


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He leído con interés el trabajo del Dr Young y cols. sobre mi obra, y creo necesario aportar mis reflexiones

Hablar de lo humano en la medicina y el arte implica indefectiblemente remitirse a cómo cada una de estas disciplinas aborda su tratamiento, en cuanto ambas parten indefectiblemente de un cuerpo físico para, desde él, rescatar lo que lo caracteriza como humano, ligado a lo espiritual, lo creativo, lo trascendente que posee.

En principio debemos entender que el cuerpo es el continente que alberga al ser humano; ambos, el continente y el contenido, conforman una unidad simbiótica desde la cual cada individuo es capaz de evolucionar actuando y generando cambios en la realidad circundante, como lo ha hecho a lo largo de toda la historia de la humanidad.

Esta unidad de continente y contenido es como es, porque está absolutamente integrada al medio físico al que pertenece, de no ser así no podría existir. Nuestro cerebro sería distinto si nuestro cuerpo fuera distinto.

A partir de este razonamiento debemos concluir que cada parte de nuestro cuerpo y de nuestra psiquis se han podido desarrollar únicamente a partir de la relación armónica con el mundo físico que nos rodea, integrándonos a la unidad universal.

Por lo tanto, lo sepamos o no, nuestra existencia física y espiritual para mantenerse sana deberá estar en sintonía con esas leyes universales que nos impone el mundo de la naturaleza de la que formamos parte indefectiblemente y de la que no podemos escapar. Aunque parezca paradójico, es desde el conocimiento de esas leyes que podemos hacer uso de nuestra libertad.

Tener conciencia de esa relación armónica entre las partes y el todo hace que tanto en la ciencia como en el arte los resultados de cada una de esas actividades, y en uso de la libertad que nos da su conocimiento, puedan generar hechos nuevos y positivos.

Cuando la medicina o el arte actúan sobre el continente sin considerar el contenido, concibiendo al cuerpo como el objetivo fundamental y único para tener en cuenta, pierden noción de esa gran unidad y sus logros no se completan plenamente, lo que muchas veces no es totalmente en ninguna de las dos disciplinas

Quizás el estado ideal en cada una de las actividades tanto artísticas como científicas y profesionales sería el tener conciencia de esa dualidad cuando se actúa sobre ese continente, pero a pesar de que ello no sucede siempre, tanto en el arte como en la medicina, finalmente es la conciencia interior, no racional de la que se vale la naturaleza, para que tanto el artista como el científico terminen salvando al contenido inmaterial pero no por ello menos real como lo es el ser humano en su interioridad.

Tanto el artista como el médico actúan sobre la materia para rescatarla de la muerte, cada uno a su modo, el médico sobre la materia viva para que siga viva y cumpla con su ciclo en la mayor plenitud, el artista sobre la materia inerte a la que vitaliza haciendo que su obra se transforme en un nuevo ser que conviva entre nosotros.

Dicen que no hay enfermedades sino enfermos; ello confirma lo que estamos diciendo, ya que cada caso, por más puntos en común con otros, posee un importante porcentaje de características propias que lo diferencian de los demás y dan identidad a cada individuo.

Aunque parezca paradójico, cuando el cuerpo humano es utilizado por el arte se modifica en función de ese nuevo ser que aparece como individualidad y capacidad de comunicación con los demás. Así lo demuestran las distintas formas en que fue tratado a lo largo de la historia del arte, desde la Venus de Willendorf al arte clásico, al cubismo o al expresionismo, etc. En todos los casos la figura humana se fue modificando en función de lo que se quería expresar y no en su simple apariencia formal.

El médico trata que cada componente de ese complejo organismo que es el cuerpo humano actúe en armonía con la totalidad, cumpliendo cada parte en función del todo.

El artista hace lo mismo con la obra que genera, intenta que cada parte de ese todo que es la obra terminada actúe armónicamente con el conjunto.

La medicina se ocupa de hacer que cada órgano componente de ese todo cumpla estrictamente su función, sin excederse ni invadir territorios que no le corresponden, lo cual daría lugar a una malformación o deformación de este.

En la creación artística sucede algo similar; cuando eso no se cumple se habla de deformación, pero una verdadera obra artística nunca deforma, sino que crea otra forma que será la que mejor corresponda a ese nuevo ser que se está gestando y que pide que sus partes adquieran la forma y función que necesitan para existir. A este hecho podríamos catalogarlo como el proceso de la verdadera abstracción.

Por eso no podemos decir que los pájaros son la deformación de los dinosaurios, por más que se sepa que son el producto de una evolución que los llevó a su forma actual. Cada ser está constituido según una misma base estructural que modifica su forma de acuerdo con la función que ha de cumplir.

La medicina también debe conocer las leyes que rigen a esas estructuras para hacer que cada una actúe de acuerdo con su función.

Si hay algo fantástico que es propio de la medicina, es la capacidad de actuar sobre ese continente que es el cuerpo humano para que, cuando el mal invada, modifique o destruya algunos de los órganos componentes de ese todo, pueda crear, desde el uso del conocimiento de las estructuras que dominan las formas de la naturaleza, nuevas posibilidades para preservar la vida.

Pero decir solamente la vida no alcanza si no pensamos en que, desde ella, cada ser humano, ese que está metido en ese cuerpo continente que sigue vivo gracias a la capacidad creadora de los médicos, podrá continuar desarrollando también su capacidad creadora desde el pensamiento o desde la acción para la continuidad de la vida y la cultura de todos.

Vaya el ejemplo de tantos seres humanos desde el más simple al más evolucionado, como lo es el paradigmático caso del físico Stephen Hawking, que crearon y siguen creando, tanto en la ciencia como otros en el arte, para bien de toda la humanidad a pesar de las limitaciones físicas que la medicina ha controlado para la preservación de su vida mental y espiritual.

Es esa energía vital la que impulsa al ser humano, sea en la ciencia como en el arte, para adentrarse en el enigmático y misterioso mundo de lo desconocido llevando en su mochila las mismas preguntas existenciales de siempre y que desde distintas disciplinas, tanto filosóficas como religiosas, científicas o artísticas, trata de contestar.

No es casualidad que muchos profesionales o científicos de todo orden necesiten realizar tareas ligadas al arte para satisfacer necesidades interiores que pugnan por exteriorizarse, muchas veces difíciles de precisar, pero que pertenecen también al mismo mundo misterioso e íntimo, pero no menos verdadero que el corporal.

Lo mismo podemos decir de los artistas que necesitan saciar su curiosidad sobre temas ligados a disciplinas más próximas a las ciencias, la filosofía o la religión como complemento a su propia actividad, porque finalmente cada ser humano intenta con conciencia o sin ella cerrar el círculo que le dé una idea del sentido de la existencia.

En síntesis, podemos decir que la capacidad creadora del ser humano no se da en el arte exclusivamente, sino que se manifiesta siempre en cada una de las actividades que desarrolla, sean estas científicas, técnicas, filosóficas o artísticas, y entre todas aportan a la construcción de eso que llamamos cultura, que no es otra cosa que la respuesta e interpretación que cada pueblo hace de la realidad que le toca vivir y de la que es protagonista.

Es de esperar que llegue el día en que la producción artística vuelva a incorporarse a la realidad social como parte integrante de ella misma, como sucedió en otros tiempos, y no como una actividad marginal y aleatoria de la que parecería ser posible prescindir y que solo cobra sentido cuando se transforma en producto del mercado.

Eso es lo que el arte puede envidiar de la medicina y que el médico puede sentir de su actividad: la conciencia que el pueblo tiene de lo imprescindible y valioso de su tarea.

Ya sea trabajando la tierra como elaborando una teoría científica o filosófica, cada individuo forma parte ineludible de un mandato impuesto por la naturaleza y que da trascendencia a la vida.

Digamos entonces que lo humano es inherente a cualquier actividad que se encare, sea esta de la índole que sea, ya que no es posible evadirse de lo que se es; lo que sí importa es el sentido positivo que adquiera nuestra tarea en bien del desarrollo tanto material como espiritual de cada uno de nosotros.

Este artículo no contiene material bibliografico

Autores

Leo Vinci
Artista plástico (escultor).

Autor correspondencia

Leo Vinci
Artista plástico (escultor).

Correo electrónico: leodantevinci@gmail.com

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Revista Fronteras en Medicina, Volumen Año 2026 Num 02

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Auspicios

Titulo
Lo humano en la medicina y el arte

Autores
Leo Vinci

Publicación
Revista Fronteras en Medicina

Editor
Hospital Británico de Buenos Aires

Fecha de publicación
2026-06-30

Registro de propiedad intelectual
© Hospital Británico de Buenos Aires

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