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Carta al Editor

Serendipia, zemblanipia y bahramdipia

Pablo Young

Revista Fronteras en Medicina 2021;(02): 0153-0154 | Doi: 10.31954/RFEM/2021002/0153-0154


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Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.

Fuente de información Hospital Británico de Buenos Aires. Para solicitudes de reimpresión a Revista Fronteras en Medicina hacer click aquí.

Recibido 2021-02-13 | Aceptado 2021-03-30 | Publicado 2021-06-30


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Figura 1. Horace Walpole.

Sr. Editor:

Recientemente hemos escrito un trabajo titulado “Sir John Charnley, trayectoria científica y legado a la medicina” y mencionamos allí que Charnley utilizaba frecuentemente el término serendipia1.

La serendipia es un descubrimiento o hallazgo afortunado, valioso e inesperado que se produce de manera accidental, casual, o cuando se está buscando una cosa distinta. También puede referirse a la habilidad de un sujeto para reconocer que ha hecho un descubrimiento importante, aunque no tenga relación con lo que busca. En la historia de la ciencia son frecuentes las serendipias, así como en cine, pintura, literatura, etc.2,3

Sin embargo, no son pocas las veces en que serendipia está presente y habría que diferenciarla de otro tipo de descubrimientos. El llamado principio de Arquímedes de Siracusa (287- 212 a. C): el matemático lo descubrió un día al introducirse en la bañadera y observar cómo su cuerpo desplazaba una masa de agua equivalente al volumen sumergido: salió desnudoa la calle gritando ¡Eureka! Había encontrado lo que buscaba. Contrariamente, cuando interviene la serendipia (uno no estaba buscando lo que encuentra), la sorpresa es aún mayor4.

El término serendipia deriva del inglés serendipity, neologismo acuñado por el cuarto conde de Oxford, el escritor inglés Horace Walpole (1717-1797) en una carta fechada el 28 de enero de 1754 a su amigo Horace Mann (1706-1786), un inglés que entonces vivía en Florencia, a partir de un cuento tradicional persa llamado Los tres príncipes de Serendip, en el que los protagonistas, unos príncipes de la isla Serendip –antiguo nombre persa de la isla de Ceilán, la actual Sri Lanka– van realizando descubrimientos, cuyo común denominador, es su sagacidad para interpretar audazmente hechos fortuitos o accidentales, que para otras personas pasarían desapercibidos. Las versiones inglesas del relato provienen del libro Peregrinaggio di tre giovani figluoli del re di Serendippo publicado en Venecia en 1557 por Michele Tramezzino (1526-1576), según traducción de Christoforo Armeno5. El cuento se recoge en el libro de poemas de 1302 Hasht Bihist (Ocho paraísos) del poeta hindú Jursan Amir, conocido como Amīr Khosrow (1253-1325). Horace Walpole (Figura 1) fue uno de los iniciadores de la novela gótica, cuya obra incluye más de 1800 cartas, que han servido para ilustrar y reconstruir la historia europea del siglo XVIII.

Existen tres tipos casos donde la serendipia ha jugado un papel importante en el desarrollo científico: según Umberto Eco (1932-2016), el primer tipo alude a Cristóbal Colón, quien buscaba una mejor ruta hacia la India y en realidad arribó a América. En esta modalidad se hace referencia a los hechos cuando una persona busca algo y encuentra otra situación ajena a lo que investigaba. Este primer caso resulta familiar en las búsquedas en la red, por lo que algunos internautas hacen gala de él; sin embargo, algunos ejemplos lo ilustran bien en el campo de las ciencias, como, por ejemplo, el descubrimiento de un efecto desconocido del minoxidil, el cual en primera instancia era antihipertensivo debido a su efecto vasodilatador, pero curiosamente, los pacientes tratados con ese fármaco desarrollaban hipertricosis, por lo que luego se comercializó en forma tópica para el tratamiento de la alopecia androgénica. Otro ejemplo de este tipo es la aplicación del sildenafil como fármaco para el tratamiento de angina de pecho por su efecto vasodilatador. Dada su ineficacia, Pfizer estaba a punto de abandonar las pruebas cuando los voluntarios que se sometieron a estas comenzaron a reportar un efecto secundario inusual: muchas erecciones y los varones que probaban el fármaco no devolvían el producto sobrante. En 1929, Sir Alexander Fleming (1881-1955) estaba analizando un cultivo de bacterias, cuando se le contaminó una placa de bacterias con un hongo (Penicillium). Más tarde descubriría que alrededor de ese hongo no crecían las bacterias e imaginó que ahí había algo que las mataba, por lo que denominó penicilina a aquella sustancia desconocida que había lisado las bacterias. El segundo caso se relaciona con la solución accidental o fortuita de un problema, como le ocurrió a Arquímedes y mencionamos antes; un ejemplo moderno fue el accidente de dejar inadvertidamente caucho con azufre sobre una cocina caliente, acaecido a un joven de escasos recursos económicos, que buscaba como fabricar caucho sintético, por cierto, su apellido es Goodyear (1800-1860); otro caso fue el invento del velcro, por George de Mestral (1907-1990), a quien le sorprendió ver cómo las diminutas estructuras semejantes a ganchos en las semillas de una hierba, se adherían perfectamente a la tela de sus pantalones y de esa observación nació un aditamento más para la industria textil. Finalmente, el tipo Galileano, que se refiere a nuevos hallazgos no previsibles, asociados al empleo de instrumentos o conocimientos previos; en este caso, Galileo Galilei (1564-1642) se sorprendió al mirar a través de una lente que le reveló un mundo diferente como las irregularidades de la luna y las lunas de Marte, entre otros muchos descubrimientos. De manera similar, le ocurrió a Antonie van Leeuwenhoek (1632-1723), un comerciante textil que utilizaba lentes para observar la calidad de las telas, pero se apasionó en construir lentes tan potentes que logró perfeccionar el microscopio; pero su afición se incrementó aún más cuando pudo observar unos “animalículos”, que vivían en las gotas de agua de lluvia e, inclusive, en su propio biofilm dental, como lo publicó en varias cartas a la Real Sociedad de Londres.

Con respecto a esta palabra, Louis Pasteur (1822-1895) mencionó: “En el campo de la observación, el azar solo favorece a mentes preparadas”; así como Julius Comroe Jr (1911-1984) dijo “Serendipia es estar buscando una aguja en un pajar y descubrir a la hija del granjero”.

Palabras menos familiares, pero útiles no obstante han sido acuñadas para describir fenómenos relacionados, pero contrarios en la ciencia y la vida en general. William Boyd describió el término zemblanity (que podría traducirse zemblanipia), que significa lo contrario de serendipia, y proviene el nombre de la isla ártica rusa, Novaya Zemlya (o Nova Zembla), una tierra fría y árida que contrasta marcadamente con la exuberante y hermosa Serendip (Sri Lanka)6. Zemblanity es “hacer descubrimientos infelices, desafortunados y con resultados esperados”. Esta isla fue donde William Barents (1550-1597) y su tripulación quedaron varados mientras buscaban una nueva ruta hacia el este, y la idoneidad de su elección para esta metáfora se vio reforzada por el uso posterior de la isla como sitio principal de pruebas nucleares soviéticas.

En 2001, Toby Sommer acuñó el término bahramdipity (bahramdipia), que deriva del Rey Sasanida Persa de BahramGur V (400-438), dictador totalitario que aparece en los “Los tres príncipes de Serendip”, y se define como: 1. La supresión de un descubrimiento, a veces un descubrimiento fortuito, por un individuo más poderoso (bahram) que castiga cruelmente, no meramente por desdén, a una persona (o personas) de menor poder y poco renombre que demuestra sagacidad, perspicacia y veracidad al bahram; y 2. La promoción egoísta de un descubrimiento que a menudo no es confiable, además de su descubridor por un individuo más poderoso (bahram). Los descubrimientos suprimidos y no publicados se denominan nulos y hay muchos ejemplos en el campo de la ciencia.

Como mencionó Christiane Dosne la investigación básica implica descubrir algo nuevo, en general, dentro de un proyecto determinado, con planes bien trazados. Esto corresponde al grito de Arquímedes, Eureka, pero esa misma palabra brota aún más fuerte con lo inesperado. Cuando, durante la marcha de los experimentos, salta un “descubrimiento por serendipia”, completamente inesperado, se lo debe aprovechar ya que abre un nuevo rumbo, a veces más interesante que el original4.

  1. Frizza Salinas TJ, Young P, Del Sel H. Sir John Charnley, trayectoria científica y legado a la medicina. Fronteras en Medicina 2020;15(4):284-290.

  2. Pepys MB. Science and serendipity. Clin Med 2007;7:562-78.

  3. Pérez Tamayo R. Serendipia: ensayos sobre ciencia, medicina y otros sueños. México: Siglo XXI Editores; 1980 p. 151.

  4. Dosne Pasqualini C. Serendipity en investigación. Medicina (B Aires) 2012;72(5):439-42.

  5. Remer TG (editor). Serendipity and the Three Princes from the Peregrinaggio of 1557. Norman: University of Oklahoma Press; 1965.

  6. Boyd W. Armadillo. London: Hamish Hamilton; 1998.

  7. Sommer TJ. Suppression of scientific research: bahramdipity and nulltiple scientific discoveries. Sci Eng Ethics 2001;7:77-104.

Autores

Pablo Young
Servicio de Clínica Médica, Hospital Británico de Buenos Aires.

Autor correspondencia

Pablo Young
Servicio de Clínica Médica, Hospital Británico de Buenos Aires.

Correo electrónico: pabloyoung2003@yahoo.com.ar

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Revista Fronteras en Medicina, Volumen Año 2021 Num 02

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Revista Fronteras en Medicina
Número 02 | Volumen 16 | Año 2021

Titulo
Serendipia, zemblanipia y bahramdipia

Autores
Pablo Young

Publicación
Revista Fronteras en Medicina

Editor
Hospital Británico de Buenos Aires

Fecha de publicación
2021-06-30

Registro de propiedad intelectual
© Hospital Británico de Buenos Aires

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